Han pasado casi tres meses desde que vio la luz la última reforma (al menos hasta esta fecha) de la Ley de Sociedades de Capital con la Ley 31/2014, de 3 de diciembre, por la que se modifica la Ley de Sociedades de Capital para la mejora del gobierno corporativo.
Desde entonces, por los despachos circulan notas internas, informes legales para clientes; acudimos a charlas, a jornadas; todo para analizar las novedades de la Ley. Como es lógico, existe un esfuerzo generalizado por adelantar qué impacto tienen o tendrán las modificaciones en nuestros clientes pero pocos hemos testado en la práctica jurídica sus efectos.
No es ningún secreto. No nos gustan las reformas. Sobre todo cuando son continuas y parece que responden casi más a urgencias puntuales que a fundamentos jurídicos y políticas legislativas meditadas. Sin embargo, también debemos considerar el gobierno corporativo como una herramienta para hacer más competitivas a las sociedades españolas, para generar mayor confianza en los inversores y, por tanto, trascendental para nuestra economía que debe avanzar y adaptarse a los cambios. El objetivo debe ser entonces que podamos contar con la mejor (no mayor) regulación en esta materia.
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B Law & Tax
Alfonso Garrido Picon